La tarjeta profesional: Un obstáculo para ejercer la profesión

Carolina Rozo Higuera
crozo@javeriana.edu.co

En Colombia, la expedición de tarjetas profesionales emitidas por organismos colegiados acreditados es sinónimo de la aceptación  de un profesional a un gremio y más aún, de las competencias que tiene dicho egresado para ejercer la profesión en la cual fue formado. El nivel de conocimientos y valores éticos son respaldados por la tradición, calidad y visibilidad de la institución educativa de egreso. Sin embargo, es lamentable que en ciertas profesiones los mismos organismos colegiados otorguen mayor valor a una tarjeta profesional que al título mismo y es ésta realidad la que me ha motivado a escribir este artículo de opinión.

Actualmente, los organismos colegiados que ya he mencionado, reciben un monto por la expedición de tarjetas. Idealmente, estos recursos son invertidos en estrategias que promueven la actualización de los egresados en el área de conocimiento,  en el posicionamiento del profesional en el campo laboral, en el establecimiento de estándares de remuneración, en la promoción  y fortalecimiento de asociaciones de egresados, en la divulgación de eventos que rescatan los aportes de algunos miembros al avance de dicha ciencia y en velar por el cumplimiento de los códigos de ética de las profesiones, entre otros.

Cuando estas actividades tienen un impacto positivo y visible en los egresados de un área, el mismo gremio se encarga de promover entre los futuros egresados la importancia de hacer parte formal del mismo.  Sin embargo, cuando las acciones de los organismos colegiados se limitan únicamente a la labor de expedición de tarjetas profesionales y más aún cuando dichas tarjetas se convierten en un mecanismo que impone obstáculos para acceder a  ciertos cargos, el ideal de perfil profesional de desdibuja y la credibilidad de los colegios empieza a ponerse en duda.

Aunque es cierto que las tarjetas profesionales reconocen la formación de calidad del egresado y le brindan una ventaja competitiva frente a otros que por su experiencia y procesos de autoformación han accedido a cargos profesionales equivalentes; también es necesario mencionar que en Colombia las tarjetas profesionales pueden ser usadas como excusa para quienes no son capaces de reconocer la interdisciplinariedad que exige un mundo globalizado, en donde las ciencias se complementan y la comunicación entre ellas es necesaria para actualizarlas, crear nuevas líneas de investigación, identificar sus vacíos y permitir su evolución.

Es algo complicado hacer generalizaciones al respecto. Por tanto, voy a referirme al área de conocimiento que me ocupa, que es el de la Ciencia de la Información. La Ciencia de la Información  constituye un claro ejemplo de cómo los nuevos formatos y canales de información influyeron en que el área se nutriera de otras disciplinas y que la gestión de conocimiento no se limitara a un tipo de unidad de información, llámese éste biblioteca,  archivo, repositorio o portal. Dicha gestión no podía limitarse a establecer su campo de acción en un espacio específico sino a los contenidos que estás unidades poseen y a su respectiva gestión.

Las tecnologías de la información exigen del profesional en Ciencia de la Información habilidades que le permitan formular un perfil profesional que sea capaz de gestionar estos nuevos flujos y hacer de la información  un recurso  accesible. Desafortunadamente la visión que se impone en Colombia es la de un área de conocimiento segmentada más por el tipo de unidad de información que por la misma gestión de contenidos.  Esta visión puede corresponder a un tema generacional o a la prevalencia de formas de pensar inflexibles y algo caducas, en donde para algunos la Bibliotecología y la Archivística operan de la misma forma que hace algunas décadas y en donde incluso sus mismas denominaciones prevalecen (La archivística se denomina actualmente, Gestión Documental).

Esta realidad se materializa con la Ley 1409 de 2010 “por la cual se reglamenta el Ejercicio profesional de la Archivística se dicta el Código de Ética y otras disposiciones, ley presentada por el actual Colegio Colombiano de Archivistas.  Dicha ley, en su Artículo no. 5, estipula  que “Solo podrán obtener la Tarjeta Profesional de archivista, ejercer la profesión y usar el respectivo título…quienes: Hayan obtenido el Título Profesional de Archivística en el correspondiente nivel de formación…” Es decir, que únicamente los programas que tengan en su título, léase bien, en su título la palabra “Archivística”, podrán ejercer en el área de archivos. Nuevamente es evidente como incluso en la formulación de una ley se hace énfasis en un término sin tener en cuenta el contenido (en este caso, el contenido de un currículo de un programa acreditado).  Es por este motivo que los egresados del programa Ciencia de la Información de la Pontificia Universidad Javeriana, actualmente no reciben la tarjeta profesional de archivista, necesaria para ejercer la profesión en el área de la gestión documental. Además, la ley limita a otras profesiones para trabajar en archivos como los historiadores, filólogos, curadores, restauradores, lingüistas, entre otros.

Esto no es todo, la tarjeta profesional de archivista se suma ahora a otra ya reglamentada por el Consejo Nacional de Bibliotecología para ejercer la profesión de Bibliotecólogo. En conclusión, el área de la Ciencia de la Información, tiene ahora dos tarjetas profesionales y dos organismos colegiados que las expiden.

Cabe aquí preguntarse entonces, ¿Cómo se logró que el Congreso de la República aprobara una ley que no respeta el derecho a la igualdad, al trabajo y que además se niega a reconocer la evolución de una ciencia? ¿Cuál es el futuro de la profesión, si quienes están a cargo de los organismos colegiados no conocen el desarrollo y proyección de la Ciencia de la Información en Colombia  y en el mundo? ¿Será ésta una profesión dividida,  segmentada y ensimismada en su propio quehacer sin reconocer la interdisciplinariedad y el aporte que le han dado otras ciencias, por conveniencia de unos cuantos? ¿Tendremos que esperar a que las nuevas generaciones de profesionales formulen leyes incluyentes que permitan el desarrollo de la Ciencia de la Información y  por tanto del ejercicio profesional?

Invito a los profesionales en Información a que fortalezcamos las agremiaciones de egresados de nuestras respectivas escuelas y a que participemos activamente de las reuniones, asambleas y conversatorios que se convocan y en donde se proponen acciones, se consolidan las redes y se generan nuevas ideas. Unidos podremos trabajar por nuestra profesión y por el país.

Los invitamos a participar de este debate con sus comentarios y si no están inscritos, a unirse a la Red de Egresados de Ciencia de la Información.

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2 respuestas a La tarjeta profesional: Un obstáculo para ejercer la profesión

  1. JAMER MARTINEZ M dijo:

    Excelente articulo, fui objeto de las exigencias cerradas del colegio de archivistas y lamentablemente quede desilusionado con este órgano. Como les argumentaba llevo trabajando 18 años con archivos, lidero un área, me he formado como técnico del SENA en archivos de gestión, hice una maestría en ciencias de la información con el Tecnológico de Monterrey debidamente convalidado y he realizado otros cursos que como tal me identifican y acreditan como un archivista, o como lo dices profesional en ciencias de la información.
    La verdad apoyo esta iniciativa en la cual la ciencia de la archivista ha evolucionado y hoy en día la conocemos como Gestión Documental.

  2. Ana Galvis dijo:

    Con la resolución 0629 de 2018 del Departamento de la Función Pública, se ratifica la Ley 1409 de 2010 y confirma que los profesionales graduados en Ciencia de la Información no pueden ejercer en cargos con funciones de «archivista». Como egresados debemos unirnos para hacer valer nuestros derechos, enviando un derecho de petición o buscando soluciones. Somos muchos los que trabajamos en el sector público en las áreas de Gestión Documental.

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